Hoy no has vuelto.

Hoy te he vuelto a soñar en mi insomnio. Tus labios perfectos me sonreían como cuando nuestro amor era alimento, cobijo y anhelo.
Hoy te he vuelto a escuchar en el silencio de la noche. Tus palabras eran claras, tan claras como la pasión que sentíamos al fundirnos en un solo ser.
Hoy te he vuelto a extrañar como sí te hubieras ido hace apenas unos minutos. Los mismos minutos que contaba para volverte a ver.
Hoy te he vuelto a sepultar en deseos que ya no se cumplirán. Deseos que jamás llegaron a ser promesas.
Hoy he vuelto a recordar que te fuiste para ya no regresar. Ojalá mañana ya no viva en este perpetuo ahora.
Hoy he vuelto a comprobar que no has vuelto y quizás nunca volverás.

Entonces.

Y entonces ya no era miedo a perderte. Era miedo a dejar de ser yo por estar contigo. Y tuve miedo, miedo porque comenzaba a no saberlo.
Miedo de no encontrar el camino de regreso, o peor aún… no hallar un camino nuevo para encontrarme donde me dejé por ir a seguirte.
Y entonces comprendí que para encontrarme primero tenía que perderte, porque en la vida debemos caminar acompañados y no ir siguiendo a nadie o pidiendo que alguien nos siga.
Y entonces ya no tuve miedo, tuve curiosidad.
La misma curiosidad que tuve cuando te conocí, pero ahora esa curiosidad era solo por mí, por saber a dónde llegaría conmigo y sin ti.
Y entonces ya no era curiosidad, era excitación por pensar en todo lo que me deparaba el mundo. Y me encontré.
Me encontré como uno encuentra un billete entre sus ropas.
Y entonces ya nada ni nadie me detuvo, ni el miedo, ni la incertidumbre, ni la soledad, ni la tristeza, ni tú.
Y entonces comencé a ser feliz.

pony