Vivir y acumular visiones, momentos y recuerdos, para transmitirlos en forma de sueños. Derrochar palabras, sonrisas, miradas, caricias, lagrimas y minutos en situaciones completamente absurdas, etéreas o profundas. Emprender viajes con los pies y el pensamiento para descubrir horizontes nuevos o visitar conocidos senderos que nos llevan a nuestros orígenes.
Vivir y compartir proyectos, luchas, alegrías, tristezas y derrotas con otra persona a la cual amar… amar sobre todas las cosas; y podrá cambiar de rostro, de nombre o incluso de alma pero sigue siendo esa otra mitad que es perfecta en el momento en que decidimos entregarnos.
Vivir y saber que los amores eternos son los que terminan en el momento indicado para dar pie a otros amores o errores eternos que también deben ser valorados y concretados.
Vivir y entender que no importa el más allá porque tú estás aquí. Ahora. Siempre.
No es justo que tu recuerdo siga jugando conmigo a las escondidas.
No es justo que tu boca ya no dibuje besos en mis labios.
No es justo que tu felicidad sea en otros brazos cuando los míos todavía te añoran.
No es justo que siga sintiendo celos cuando alguien trata de darte lo que yo no pude.
No es justo que ya no pueda contemplar las constelaciones que se dibujan en tus pecas.
No es justo que yo crea que algún día regresarás a mi lado y serás feliz.
No es justo que siga pensado tanto en ti.
Es terriblemente injusto para ti… porque es mi egoísmo el que no te deja ir.